Vida de entrega:
La mujer ha llegado a ese estado de cosas por la traición del hombre, que ha dejado de amarla y de servirla. "Nadie, ni mujeres ni hombres, entiende hoy la vida como entrega, como sacrificio. El orden que ahora desaparece había sido establecido por las fuerzas divinas, por el poder escondido de la mujer y el poder constitiuido del hombre. Ha sido el hombre el que ha roto con ese orden de la casa, añorando su condición de cazador".
Poder escondido:
Estas dos clases de poderes -escondido y constituido- han tenido sus relaciones a lo largo de la historia: los reyes eran poderes constitudios, los monjes eran poderes escondidos. "El monje, desde el interior, velaba por los poderes invisibles y el rey por el poder constitiuido. En el mundo social todo ha sido así establecido. En las antiguas civilizaciones, los reyes nacen de las casas, de las que la mujer es dueña y señora. Los reyes, como poderes constitiuidos, fueron los artífices de ese poder y las mujeres las que, desde casa, comenzaron a preservar el orden. El cristianismo decae, porque al haber caído la cabeza de los reyes, la madre ha dejado de tener esa influencia como transmisora de la eligión y la cultura. El papel religioso en la antigüedad no estaba reservado a los hombes sino a la mujer. Desde el punto de vista de la cultura tradicional, la mujer estaba concebida para ser vínculo con el cielo. En cierta ocasión una india cheroqui decía que su pueblo había preservado su cultura porque ellas eran las educadoras. Ese fue siempre el papel de la mujer, mientras que el hombre tenía encomendada la defensa del territorio y proveer a la casa. Hoy no hace falta decir que este papel desaparece vertiginosamente".
Revolución:
La revolución terminó con los reyes y acaba ahora con la mujer, con las madres, último bastión de la cultura. Históricamente, el primer ataque contra la mujer y la casa lo proporciona la ciudad democrática fundada por Atenas. La fundación de la democracia ateniense consolidaba la ruptura en el siglo VI antes de Cristo. La gran revolución de ese tiempo consiste en que lo íntimo y lo público, que estaban unidos, se desgajan. El primer ejemplo de esta disección se produce con Solón, Heráclito, Platón y Aristóteles, pues hay una correlación entre esa disección y la separación entre cuerpo y alma.
Las vacantes:
¿Cuándo empieza el proceso? Palacios dice que habría empezado miles de años antes de Cristo. "El nacimiento de la ciudad es la ruptura del sistema de las casas. Un problema que se va a ir acumulando hasta eclosionar en nuestro siglo. En 1889 la mujer habría querido ocupar un puesto preeminente en la sociedad. Ella azuzaría incluso a los hombres a la lucha y al combate. Ella ha encendido la mecha y alentado el fuego. La Convención devuelve de nuevo a las mujeres a casa. Lo fundamental era abolir el poder constitucional del rey, dejar a la mujer confinada en la casa, para luego abolir la casa, al convertir a la mujer en un ser autónomo igual al hombre. El nacionalismo será también un proceso contrario a la realeza. Así sucederá con la mujer. Con el tiempo ella caerá y será extraída a la causa pública. La mujer es igual al hombre y está destinada a hacer las mismas funciones. Entonces ya no existe la casa, existe una sociedad inrogánica, abierta por completo. Los griegos hablaban de la soledad de la mujer: Las vacantes son mujeres que olvidaban su deber, despedazaban a sus hijos y rompían los telares. La tela era un antiguo símbolo de la unidad de la casa. En la sociedad actual asistimos a la abolición del hijo, la ruptura de la familia y la conversión de la ciudad en un desierto. Gran parte de las mujeres ahora vuelven a ser vacantes".
El viaje de Ulises:
La defensa de la casa tiene su expresión más conocida en el poema homérico de la Iliada y la Odisea: "¿Qué es lo que transmite el poema homérico? Que la violencia de la casa es el delito más grave, hasta el punto de que es posible desencadenar una guerra por la profanación de la casa. La segunda parte de la Odisea: el regreso a casa, es el bien más preciado del héroe. Toda la historia está centrada en el recuerdo y el deseo de regresar a su centro, que le da identidad, la casa, la mujer, la madre, de tal manera que su gran pesar, su gran odisea, es no poder regresar".
En la ausencia de Ulises, los pretendientes de Penélope se instalan en el hogar, no pueden adueñ,arse del reino si uno de ellos no es aceptado por la señora de la casa. "La legitimidad la da la casa y la mujer; y la sexualidad legítima la proporciona la casa y la mujer también. Creo que la casa la quiere y la funda la mujer. Cuando en este momento se rompen tantos matrimonios ¿por qué los hombres se encuentran complacidos? Porque se sienten libres. El hombre está al servicio de la comunidad doméstica, de la mujer, de la casa. El hombre, al romper la casa, se considera hombre liberado. Por eso, en la sociedad actual, cuando se rompe el orden doméstico, la mayoría de los hombres peramencen callados. Ulises pide que le aten al mástil, porque el canto de las sirenas es tan seductor que teme despegarse de la casa, de la mujer legítima".
Sistema de casas:
En la vieja Grecia prehelénica, el exterior no es lo más importante, es un mundo de perdición, donde el hombre se extravía y no encuentra el camino de regreso. "Dentro de la casa está el orden, la cultura y la civilización. La casa es una entidad ahistórica, íntima como la mujer. La sociedad surge de las asambleas, de las guerras, mientras que la paz gravita en la casa. S&ocuate;lo es libre quien se siente seguro, independiente, por tener los medios para subsistir. El sistema hace, no seres libres, sino seres dependientes. En la casa, el hombre, el hijo, saben quienes son. La libertad desaparece cuando desaparece la casa. Esa es la libertad moderna. Contra eso la casa también se defiende; proporciona la cohesión social, porque repliega al grupo sobre sí mismo".
Hestia y Hermes:
El hombre y la mujer rigen el mundo de la casa y fundan un principio de entrega sin precio. "En el antiguo sistema de casas, la realeza y las leyes emanaban del megarón, que era el antiguo centro neurálgico de la casa. En el megarón, Agamenón tiene su centro, para que tome su fuerza del hogar. Éste era algo mucho más que una entidad de cuatro muros, era un lugar santo. En el hogar existe la virgen, Hestia, que une el cielo y la tierra. Hermes es el viajero inestable, abierto, patroón de los ladrones. Sale a las encrucijadas de los caminos, sale para afrontar los peligros, sale a trabajar, a cazar, a comerciar, a participar en la vida pública. Hestia representa a la dueña de la casa, mientras que Hermes es el hombre. La mujer controla los nacimientos y las muertes. Su naturaleza es por tanto netamente espiritual. El hombre voluntariamente delegaba esta función en las manos de las mujeres".
En Grecia, el interior es sagrado. "La casa es el primer templo de la humanidad y de la cultura. En la religión de la casa, el paraíso estaba prometido a todos los seres humanos. Es mayor la religión cuando m´s estable es el sistema de las casas. ¿Cómo se puede vivir una realización interior, si no es extrayéndola constantemente de la interioridad? La casa no era ni patriarcal ni matriarcla. En realidad era una asociación de dos, convertidos en uno solo. El Flamen y la Flaminica, en Roma, era una pareja que no se divorciaba jamás. La pareja Hestia-Hermes era una pareja ideal. Eso es lo que Cristo instaura cuando dice que lo que Dios ha unido no lo separe el hombre".
Atenas y Esparta:
Hay en la antigüedad una oposición al sistema de las casas y Palacios señala a este respecto la construcción de templos fuera del hogar. "En el siglo VI se crea el primer templo fuera de la casa. Con el nacimiento de la ciudad se extrae el templo fuera de la casa. En Roma, las vestales son extraídas del hogar y plantadas en el centro de la ciudad. Curiosamente, cuando esto se produce, en el siglo VI a.C., empiezan a surgir la ciencia y la filosofía, que comienzan a ser desligadas de los dioses y de la casa. En Roma, la mujer ya no preside el culto doméstico y el culto público. Otra herencia de la mujer en el culto de Roma es que las mujeres no son seres teológicos sino seres del rito".
Por otro lado, "cuando se produce esa gran revolución en Atenas, Esparta protesta violentamente. Frente a la negación del sistema de casas, en Esparta se sigue considerando a la mujer el centro, pese a la pésima propaganda que ha tenido. Esparta ha tenido el baldón y el estigma de defender la casa frente a la revolución democrática de Atenas".
Esa revolución ha consistido en la quiebra de la pareja y la sustracción de lo religioso de la casa. "Se extrae lo religoso de la casa, se extrae la educación de la casa, se extrae a los hijos de la casa, la casa se convierte en un lugar baldío. Los niños encuentran la casa vacía. Los padres no ven ya a sus hijos, la casa es ya una desolación".
Isidro-Juan Palacios se pregunta si la liberación de la mujer podrá traernos algún consuelo. "La revolución sexual de los años sesenta fue formulada según los gustos de los hombres. La mujer comienza a ser exhibida. Por primera vez se comienza a exhibir el misterio. Lo privado se convierte en cosa de dominio público. Pese a los ataques a lo largo de los siglos, la mujer había resistido la revolución, pero hoy se entrega a ella. Se pensaba que los seres, en virtud de la revolución, iban a confluir en uno sólo. No será así, pero el mundo se habrá convertido en una amalgama de átomos: hombres y mujeres estarán hechos para la ciudad, para la guerra".