• Anticipación
  • La edad oscura
  • Los guardianes
  • Metrópolis
  • La casa antigua
  • El héroe
  • Los amantes
  • La resistencia
  • La periferia
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    Paradigma de la novela de anticipación
    Siempre la utopía nació como una respuesta a una época de crisis, que podía ser un cambio sustancial de actitudes o una revisión de los valores vigentes hasta entonces. Pero, en la actualidad, la novela utópica representa una crisis de la utopía misma, por cuanto representa no tanto un reconocimiento de la insuficiencia del tiempo presente, cuanto una desconfianza de la capacidad positiva del hombre para mejorar el mundo.

    Reducida a sus rasgos más esenciales, reconocemos un paradigma de la novela uópica, que medró sobre todo en la primera mitad del siglo veinte, que comprende también la imagen del futuro, que los autores de este género recogen en sus anticipaciones.

  • La edad oscura: El novelista se sitúa respecto de nuestro mundo, como al otro lado de una imprecisa frontera, una insalvable falla en la historia, que separara definitivamente ambos mundos, el nuestro y el futuro que pretende anticipar en su narración.

    Así resulta, entre aquel mundo y éste, una edad oscura, que es el tránsito a la utopía. Desde ese mundo, situado en un remoto futuro, se contempla nuestro presente crítico como "los antiguos tiempos", correspondientes a una edad primitiva y todavía salvaje.

    La edad oscura, como la frontera entre la realidad y la utopía, es decir entre nuestro mundo y el que imagina el novelista en el futuro, aparece como una época de guerras y de revoluciones, que preceden al mundo radiante de mañana. La civilización, víctima de sus propias contradicciones -sobrepoblación o progresivo envejecimiento de la población, rivalidad entre las naciones, competición del maquinismo, etc.- habría demandado al fin la solución drástica y definitiva de ese proyecto utópico.

  • Los guardianes: El Poder se impone sin restricciones sobre las masas humanas regimentadas en el Estado utópico, que nació en medio de la anarquía que precedió al gran cambio. Un ensayo de orden planetario, de corte totalitaio hasta extremos nunca conocidos, funda las bases para una sociedad nueva.

    El Partido está formado por la nueva clase dominante, que nació con la revolución. Son los dueños del mundo en la perspectiva del Estado utópico. Bajo la tutela y el control de esos ingenieros sociales funciona la Megamáquina. Ellos se erigen en guardianes de la Felicidad y avasallan cualquier oposición o restricción que estorbe la consecución de sus fines y propósitos.

  • Metrópolis: La concepción urbana de la utopía ecuentra en la Gran Ciudad su más desarrollada expresión. La utopía y la razón son entronizadas en el espacio urbano, en la misma medida que la casa aldena es sustituída por el bloque de viviendas y el campesino por el nómada intelectual. El hombre, seducido por el placer del espectáculo y las diversiones, cae prisionero de la Ciudd Mundial. Nomadismo, cosmopolitismo, soledad y espíritu insolidario, son notas características del crecimiento último de las ciudades.

    Las nuevas ciudades, sin embargo, anticipadas por el pensamiento utópico y la cienciaficción, distan de las antiguas ciudades, como el nómada de la aldea neolítica, o ésta del primer espacio urbano. Hay un salto cualitativo en el crecimiento de la ciudad, que rompe el ciclo natural de su existencia y de su ulterior colapso. El regreso a la comunidad rural es imposible. Todo el planeta está dominado por el espíritu de la Megalópolis cósmica.

  • La casa antigua: La casa, el hogar en sentido piadoso, desaparece del paisaje utópico. La abolición de la autoridad paterna en beneficio del Estado y la emanciación de la mujer de sus deberes de madre y esposa han seguido a la condición declinante de la familia de la era técnica, que en cuentra bajo el Estado utópico su negación más absoluta. Con la familia se pierde la intimidad y también la identidad. El padre es el "progenitor", los niños son atendidos en un Club de Adopción Mutua, o corren a cargo del Estado. La crsis de la casa es un fenómeno paralelo a la formación del Estado uópico.
  • El héroe: La únicap posibilidad de cambio está en el rebelde, como superador de la tendencia homogeneizante. La inadaptación al medio social aparece en este sentido como una vía a la esperanza, en la medida que la persona toma conciencia de su poder como individuo. La soledad, el sentimiento de culpa y el complejo de ser diferente, son fuerzas antagonistas que actúan contra el héroe inadaptado que se enfrenta con su mundo.
  • Los amantes: El héroe no toma plena conciencia de su rebeldía hasta que se produce el encuentro con la amada. En la mujer, como evocación de lo antiguo, de lo genuinamente humano, encuentra el rebelde la inspiración y la energía para enfrentarse al mundo. Los amantes aparecen, en este sentido, como la pareja primordial que desafía el poder del Estado. El amor clandestino, en este caso, aparece como la experiencia esclarecedora que les enfrenta también a la muerte, al terror del Estado. El conocimiento personal es entendido como vía de salvación y el amor como elemento anárquico, como subversión frente al Poder organizado.
  • La resistencia: La consecuencia de ese primer encuentro es la conspiración. Los amantes conspiran en la medida en que su amor es un desafío al Estado utópico, y también en cuanto que llegan a conocer y ponerse en contacto con otros individuos marginados o proscritos: la resistencia. Se trata, enla mayoría de los casos, de algún grupo clandestino que hubiera sobrevivido a las Persecuciones y las Purgas y que han llegado a conocer otras formas de vida, ya sea en el Pasado, o en regiones donde no ha llegado todavía la influencia del Estado utópico: el Mundo Subterráneo o as regiones de más allá del Muro Verde.
  • La periferia: En las catacumbas y en los bosques se ha refugiado lo que quedó de la humanidad primordial, sobreviviendo al exterminio decretado porel Poder. Puede ser una reserva, la frontera más lejana del mundo utópico... en cualquier caso, es siempre una zona prohibida, un exótero, que escapa al orden racional, la felicidad científicamente determinada. Allí se sigue viviendo como en el Pasado, pero bajo el acoso permanente de la civilización moderna.

    Más allá de los límites de la ciudad, apoteosis de la razón y del elemento utópico, el rebelde, o los amantes, encuentran una vía de evasión a través de los bosques, simbolizando en este caso el espacio Exterior, donde celebran su encuentro con la libertad. En el bosque además, como representativo de lo agreste, intuitivo y salvaje, en oposición a lo racional y lo determinado, simbolizado por la ciudad, está la última esperanza de encontrar al dios exiliado de la utopía.

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