• Cienciaficción
  • Novela actual
  • Rasgos comunes
  • La utopía humana
  • Gobierno mundial
  • Planetarización
  • Trilogía de Trantor
  • El Estado Único
  • Situación de anarquía
  • LIBROS SOCIEDAD CULTURA OCIO MODA CIUDAD MUNDO
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  • Cienciaficción: Vivimos el tiempo para el que se escribían aquellas novelas. Las perspectivas han sido superadas en muchos casos con creces. Llega un momento sin embargo, en que el hombre rechaza el paraíso que él mismo se ha construído. Su obra le resulta monstruosa como la criatura de Frankestein y siente que amenza con destruirle a él mismo. Mientras la conciencia vigilante contempla con horror el apocalipsis de nuestro siglo, la imaginación busca una evasión, proyectándose fuera de las fronteras de nuestro mundo. Al cabo, la cienciaficción ha agotado su vida y encuentra su fin en una exasperación de la propia realidad actual, sacudida por profundas crisis, de que la cienciaficción es sólo un reflejo.
  • Novela actual: Es comunmente admitido que la novela contemporánea, en cuanto que quiere abarcar toda la realidad y no una parte de ella, es un vehículo apropiado para el conocimiento de las motivaciones del hombre y el mundo contemporáneos. La novela de cienciaficción reduce la realidad a un modelo de laboratorio, bien que distorsionado, donde más fácilmente es posible ensayar esos fenómenos, y proyectarlos, incluso, a su evolución posterior y a sus más extremas consecuencias; de ahí su interés también, como anticipadora y como suscitadora de expectativas de futuro, desde la realidad presente. La lectura de estos libros nos pone en el camino de entender que existen unos rasgos comunes y unos trazos definidos en las novela de este género. Reduciendo la desbordante variedad a unos moldes típicos es posible encontrar esos denominadores comunes que nos ponen en la pista de formular con mayor claridad el esquema de la novela de cienciaficción contemporánea.
  • Rasgos comunes: En los mundos recreados en estas novelas existen de hecho unas formas políticas, sociales, históricas, económicas, un paisaje, unos problemas anímicos, unos arquetipos y unos sucesos correspondientes, que comprenden la correlación de visiones que de nuestro mundo tienen estos autores. En las mayores obras de su clase incluso, existen una concepción, unos conceptos y unas conclusiones afines, o correspondientes, de manera que pueda hablarse de un paradigma de la novela de cienciaficción del siglo veinte.
  • La utopía humana: Chilhood's End de Arthur C. Clarke ofrece no tanto una exposición dramatizada de la utopía humana definitiva, cuanto la manera en que el hombre llega a esa utopía a través de una serie de utopías efímeras. La novela desarrolla una particular visión del desenvolvimiento del pensamiento utópico. Al comienzo de la historia, la humanidad está en la frontera del espacio exterior, un proyecto de vuelo a la Luna. Repentinamente naves espaciales aparecen en el cielo de las mayores ciudades de la Tierra. Todas estas naves, excepto una, son meras ilusiones; pero esa una es Karellen, un avanzado y longevo representante de una raza que la humanidad comienza a llamar Overlords.
  • Gobierno mundial: Manipulando sus ilusiones y empleando la fuerza cuando es necesario, Karellen somete a la obediencia a la humanidad. Esta obediencia supone consolidación en el gobierno mundial bajo las Naciones Unidas; la presencia de los Overlords hace parecer absurda cualquier tipo de lucha armada entre las naciones. Karellen llega a un acuerdo con el Secretario General Stormgren, y a través de él instruye a la humanidad. La única prohibición significativa es la idea de que los vuelos interestelares deben ser cancelados: "Las estrellas no son para el hombre". En compensación a esta obediencia, Karellen suministra al nuevo cliente de la comunidad mundial, tecnología avanzada, de manera que "por primera vez en la historia humana, nadie tuvo que trabajar en lo que no le gustaba... Ignorancia, enfermedad, probreza y temor habían virtualmente dejado de existir".

    La primera parte de la novela, La Tierra y los Overlords, está dedicada a la descripción del establecimiento de esta utopía centralizada y materalista. Las apariciones de Karellen a Stormgren, a quien trata con su nombre de pila, Rikki, para instruirle sobre la utopía, suceden en secreto, ni siquiera se le muestra directamente, sino que habla con él como una voz detrás de una pantalla opaca. "Como un gran órgano desgranando sus notas desde la nave mayor de una catedral... Su profundidad y resonancia proporcionaba el único indicio de la existencia de la naturaleza física de Karellen, por dejar una sobreabrumadora impresión de su posible tamaño". Esta pavorosa imagen tiene su efecto en la voluntad de la humanidad, creando un estilo de humildad que, acompañada de libertad, desde que se hace fácil el tráfico de un lugar a otro, propicia una población homogénea y relativamente sin prejuicios.

    En Fuentes del Paraíso, también de Arthur Clarke, todos los pueblos de la Tierra aparecen organizados en la Federación Mundial, en cuyo vértice, la CCT, con sus tres divisiones, Tierra, Mar, Espacio, constitiuye el mayor órgano de consulta mundial. "Sólo cuando se produce alguna resonante falla técnica o un conflicto abierto con otro grupo histórico o ambiental, sólo entonces emergía la CCT entre las sombras".

  • Planetarización: La planetarización del orden universal y la colonización del espacio son el motivo de tantas novelas de cienciaficción, que se han escrito a lo largo del siglo. El polaco Jerzy Zulawsky refiere en su trilogía lunar el primer viaje a la luna y los esfuerzos de los supervivientes para crear una nueva sociedad bajo las más adversas circunstancias (The Silver Globe, 1903); en el libro siguiente (The Victor, 1910) un nuevo visitante de la Tierra es recibido como salvador que librará a la colonia lunar de una raza de monstruos alienígenas. La trilogía es concluída con el retorno a la Tierra (The Old Earth, 1911). Andrómeda, del ruso Ivan Efremov, describe con precisión una sociedad ideal comunista del futuro, combinada con la exploración del espacio exterior, donde existe una red de comunicación con otras civilizaciones existentes, el Anillo de Hierro.

    Este mismo anhelo de universalidad, de expansión ilimitada, que alienta en tantas novelas del pasado siglo, se convierte en sátira mordaz en la tiranía recreada en El otoño del patriarca, de Gabriel García Márquez, que alcanza "hasta los rincones más ignotos de su vasto país"; o toma la apariencia de sutil ironía en El Napoleón de Notting Hill, de G.K. Chesterton. Esta última novela, publicada en 1904, recrea el mundo en 1948, tal como llegaría a ser de proseguir el afán imperialista, aunque fuera corregido por el socialismo reformista (fabiano) defendido por Wells. Las ambiciones que despierta el poder político es el letimotiv de la novela, que imagina a Inglaterra gobernada por un monarca elegido conforme a un original sorteo. La función regia recae en un oscuro personaje que, sin embargo, demuestra mayor cordura de la esperada para los asuntos de gobierno, gracias a un talante crítico y a su habilidad para tomarse a sí mismo y a su tarea menos en serio de lo que es habitual.

  • Trilogía de Trantor: Donde se aprecia quizá de manera más plástica ese afán ilimitado de conquista, esa sed incontenible de espacio, es en el ciclo de Trantor, de Isaac Asimov. La trilogía arranca del comienzo de la decadencia de un inmenso imperio extendido por toda una galaxia, abarcando millones de mundos. La capital de ese imperio galáctico es Trantor, un planeta dedicado por entero a las tareas administrativas. La historia comienza cuando un oscuro científico vaticina la caída del imperio y la barbarie que seguirá a su derrumbamiento. Decide entonces emplear su ciencia, la psicohistoria, para reducir al mínimo el inevitable período de caos que seguirá antes de formarse el Segundo Imperio. A este fin establece dos Fundaciones, una en cada extremo de la Galaxia, que preserven el saber humano durante el interregno.

    Ninguna otra narración como la de Asimov pone de relieve la debilidad letal y la íntima insuficiencia de un imperio extendido por las estrellas, de recursos ilimitados, frente a los escasos recursos de la Fundación, confinada en un oscuro planeta, Terminus, de la periferia.

  • El Estado Único: La novela de cienciaficción Nosotros, del escritor ruso Yevgueni Zamiatin, comienza cuando el ingeniero D-503 anuncia la hora en que será concluído el primer avión-cohete Integral, cuya misión consistirá en llevar al Universo la semilla del Estado Único; someter a otros mundos bajo su custodia, del mismo modo que un milenio antes, sus mismos antepasados alienígenas conquistaron aquel nuevo planeta para ponerlo bajo su dominio. El primer mensaje que el Integral llevará al espacio exterior serán manifiestos y poemas glorificando al Estado Único.

    En Un mundo feliz, de Huxley, la Tierra aparece sometida al Estado Mundial, dividida en diez grandes provincias, una de ellas abarca toda Europa Occidental, tuteladas por diez inspectores mundiales. Mientras, Oceanía, en 1984, de Orwell, es uno de los tres superestados en que se ha repartido la Tierra. Cada uno de ellos se divide a su vez en varias provincias y éstas, en distintas franjas aéreas. Londres no es más que la principal ciudad de la franja aérea número 1, que a su vez es la tercera de las provincias más pobladas de Oceanía. El Estado tal como nos es presentado en estas novelas comprende dos notas básicas y características: su universalidad y su estabilidad. La primera atiende a su dimensión espacial: su extensión por todo el orbe conocido. La segunda atiende a la temporalidad: su estabilidad permanente, que le confiere connotaciones de eternidad.

    El Estado en la novela de cienciaficción parece estar destinado a durar siempre. De un modo u otro, estas notas atienden a la soberanía universal, con que en estas utopías, el Estado se presenta revestido ante el mundo. Heliópolis, de Ernst Jünger, parece ser el interregno entre dos intentos por establecer un orden planetario. Al fracaso del primer ensayo habría seguido una edad llena de revueltas y turbulencias. "La política se había degradado a la condición de simple mecánica, sin figuras y sin otro contenido que la brutal violencia. Sería mejor aislarse en sus moradas inaccesibles, cultivar las tierras, cazar y pescar, consagrarse a las bellas artes y al culto a las tumbas de los antepasados, como se había hecho desde siempre. Todo lo demás no era sino espuma del tiempo, un cráter que ardía y se consumía en sí mismo. De aquellos reinos se podía decir lo que Heráclito de los efesios: que no valía la pena elaborar nuevas leyes que les permitiera subsistir".

  • Situación de anarquía: Desaparecidos los antiguos vínculos, el mundo se encuentra en una situación de anarquía. De ahí que surjan intentos de restablecer el orden que, en Heliópolis, se reducen a dos: uno es procurado por los partidarios del Prefecto, en torno a la Oficina Central, sobre los restos y las ideas de los antiguos partidos populares, defensores de una burocracia absoluta; otro se basa en los valores de la vieja aristocracia y del Senado, representados por el Proconsul y el Palacio. Tras el primer ensayo frustrado del Regente, por imponer un orden universal, el Mundo ha quedado abandonado a esas contiendas. Debe esperar a que los pueblos estén preparados para aceptar su autoridad.

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