• Opera de Wagner
  • La Era de Acuario
  • El Oro del Rihn
  • La Walkiria
  • Sigfrido
  • Ocaso de los Dioses
  • La Edad de Hierro
  • Portador del Agua
  • Misterio Pascual
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  • La Opera de Wagner: Como es sabido, toda la obra de Wagner está llena de profunda simbología, pero Parsifal, es sin duda, una de las óperas más ricas en significado para el hombre actual. Entre las interpretaciones que se han hecho de esta obra, una de las más originales se debe a Adrian Salbuchi -Richard Wagner: El Profeta de la Edad de Hierro-, a quien seguimos al principio aun cuando nuestras conclusiones difieran al final.

    Adrian Salbuchi sostiene que en Parsifal hallamos la clave de cuál será el arquetipo colectivo que marcará la naciente Era de Acuario. Parsifal no solo representa una nueva visión, actitud y sentimiento ante el mundo, sino que también se convierte en el redentor de una humanidad nueva que quedará signada por una nueva disposición de las energías arquetípicas, lo que le convierte en el mismo símbolo emblemático de Acuario.

  • La Era de Acuario: Entender esto significa reconocer los amplios ciclos de evolución de la psiquis colectiva, según la traslación del punto equinoccial sobre las consetelaciones de la vía láctea, como lo analiza Carl Gustav Jung, recogiendo el pensamiento antiguo sobre estas cuestiones. Platón describió la manera en que ese punto, en el que el sol se coloca en el equinoccio vernal, va retrocediendo treinta grados cada 2.160 años. Los antiguos eran conscientes de que las porciones de treinta grados de cielo que cada constelación ocupa en el firmamento representan una medición aproximada, por lo que no puede determinarse con exactitud la duración de cada mes "platónico", ni mucho menos fijarle una fecha de comienzo y fin a cada uno. Su duración promedio es de 2.160 años, ya que un ciclo completo se produce astronómicamente cada 25.920 años.

    A su vez, la dirección de la precesión axial de la tierra se desplaza de este a oeste, o sea en el sentido contrario a la rotación de la tierra y en la dirección de su órbita alrededor del sol. En relación a las constelaciones del zodiaco, que se encuentran fijas en el espacio, ello hace que el punto en que se produce el equinoccio de primavera se desplace en el sentido inverso al de la secuencia de las constelaciones, o sea, Acuario, Capricornio, Sagitario, Scorpio, Libra, Virgo, Leo, Cancer, Géminis, Tauro, Aries y Piscis.

    El actual mes platónico de "Piscis" está para terminar, o ya ha finalizado, para dar paso al siguiente mes de "Acuario". Y aquí es donde viene a colación el interés por el personaje wagneriano. Jung enseña que un proceso apenas intuido parece determinar que ciertos arquetipos del inconsciente colectivo se adormezcan y vuelvan a despertar sucesivamente a medida que va evolucionando la precesión equinoccial, de manera que la humanidad entera inconscientemente, se ve influida por este proceso, lo que es posible verificar a través de los símbolos asociados con cada mes platónico. Jung estudia el caso del cristianismo que nace al iniciarse el mes correspondiente a la constelación de Piscis y su opuesto en el firmamento que es la constelación de Virgo y señala el impacto que estos símbolos han tenido en la psique del hombre occidental a lo largo de los dos mil últimos años.

  • El Oro del Rihn: Puesto que nos encontramos al final de la Era de Piscis, el autor de Richard Wagner: El Profeta de la Edad de Hierro piensa que el cristianismo que inspiraron esos símbolos se encontraría próximo a su ocaso, al tiempo que anuncia el arquetipo colectivo que está para venir y que debe presidir la nueva Era, el recien estrenado mes platónico, el primero de un nuevo ciclo o año zodiacal de veinticinco mil años terrestres. Traza incluso un paralelismo con la obra precedente de Richard Wagner, El anillo del Nibelungo. En esta serie de cuatro óperas, cada una de ellas encadenada con la anterior, contemplamos cómo el mundo de los dioses sucumbe y es anegado por el agua, después que su destino fue ligado a un anillo forjado con el oro que yacía en el lecho del río, donde era custodiado por las ninfas y de donde había sido robado por el nibelungo. El oro arrancado del lecho del río, donde había tenido una función sagrada, hace brotar la codicia de los gigantes y, hasta que es restituido a su lugar original, es causa de crímenes y se convierte en el desencadenante del ocaso de los dioses.

  • La Walkiria: La maldición del anillo agobia a Wotan, el jefe olímpico de los dioses, quien queriendo crear una raza de héroes libres, que no dependan ni si quiera de su ayuda, acaba enredándose en su proyecto. Sigfrido, nacido de una unión incestuosa, tiene sobre sí la sombra de la diosa-consorte de Wotan, custodia de los sagrados lazos del matrimonio. Su padre había sido escogido por el soberano del Walhall para salvar al mundo de los dioses de su ocaso y a ese propóposito le había armado con una espada invencible, pero las maquinaciones de la esposa del jefe de los dioses le conducirán a la muerte y su espada se rompe en pedazos. La esperanza de redención recaerá en el hijo del héroe, quien sin embargo se enfrentará al propio Wotan en el momento en que pretende tomar a la hija de aquél, Brunhilde, que yace sobre una roca rodeada por un muro de llamas. Sigfrido recompone los pedazos de la espada mágica y quiebra con ella la lanza del dios, que le cierra el paso en su camino hacia Brunhilde, a quien toma por esposa colocándole en el dedo el anillo sagrado.

  • Sigfrido: Brunhilde no es otra que la walkiria, hija de Wotan, quien, como consecuencia de un castigo, ha perdidio su condición divina y ya sólo ve renacer en su corazón un amor humano por Sigfrido. Mientras, Wotan ha reunido a todos los dioses y en su presencia ordena talar el sagrado árbol del mundo en señal de que el fin de los dioses se aproxima. "¡Es el fin! ¡Es el fin!", repite él mismo. Los acontecimientos se precipitan. Las maquinaciones del nibelungo por recuperar el anillo le deciden a borrar de la memoria de Sigfrido su antiguo amor por Brunhilde y a disponer sus esponsales con Gutrune, hermana de su amigo Gunther. La walkiria, despechada, revela el punto vulnerable del héroe, quien es asaetado cuando, fortuitamente, da la espalda al enemigo. Brunhilde reconoce el fatal desenlace del destino que ha hecho perder la última esperanza de redención y, antes de arrojarse con su caballo sobre la pira funeraria de Sigfrido, anuncia que, liquidado el mundo de los dioses, la única fuerza capaz de regenerar el universo es el amor.

  • El Ocaso de los Dioses: Cada una de las óperas que componen el ciclo wagneriano se pueden hacer correponder con cada una de las edades que tradicionalmente se han señalado para el mundo y que vienen simbolizadas por un metal de mayor a menor nobleza: La edad de oro se corresponde con el reinado de los dioses. Precisamente en El Oro del Rhin se produce la sustracción del precioso metal desencadenante del drama. La edad de plata coincide con La Walkiria. La hija de Wotan aparece inspirada por la piedad que la inclina a desobedecer a su padre para intentar salvar al héroe de la muerte. La edad de cobre coincide con Sigfrido, cuando Brunhilde, despojada en castigo por su desobediencia de su condición divina, siente nacer en su corazón un amor humano por el hijo de aquél. La edad de hierro es El Ocaso de los Dioses. El acto desencadenante del drama llega a su fin. Las semillas del mal han hecho su obra, los hombres mueren por la espada, mientras los dioses se desvanencen en el Walhall. Un cataclismo de proporciones apocalípticas ha dejado la escena vacía, como al principio, para que pueda producirse un nuevo comienzo.

  • La Edad de Hierro: Tradicionalmente esos cuatro metales, que simbolizan las edades del mundo, se han hecho corresponder con otros tantos astros, según su nobleza y su condición masculina o femenina: El oro se corresponde con el sol, cuando Wotan aún reina en el Walhall. La plata tiene su astro correspondiente en la luna, símbolo del amor espiritual, que en el cristianismo se ha atribuido a la Virgen y que en la obra wagneriana inspira la piedad en Brunhilde. El cobre se empareja con venus. Se trata de un metal menos noble que, cuando se oxida se cubre de una capa verdosa. Y venus es el astro consagrado a la diosa del amor, que inclina a Brunhilde a entregarse en los brazos de Sigfrido. El hierro tiene su correspondiente en marte. Su herrumbre es roja como el color del planeta consagrado al dios de la guerra. Bajo su influencia se produce la muerte por la espada de los últimos héroes.

    Después que Parsifal ha resistido la seducción de Kundry y destruido la magia de Klingsor, todavía viste la armadura negra en señal de que aún dura la edad de hierro sobre la tierra. Sólo después de haber pasado por duras penalidades el héroe encuentra de nuevo el camino de Montsalvat para convertirse en su soberano e inaugurar en el mundo una nueva edad de oro. En ese sentido Parsifal puede ser entendido como el epílogo del ciclo del anillo, el héroe esperado que llega a restituir el mundo perdido. Él mismo planta la lanza, transunto de la que había sido quebrada en las manos de Wotan, como un nuevo árbol sagrado.

  • El Portador del Agua: El Catecismo de la Iglesia Católica dice que "El Reino de Cristo, presente ya en su Iglesia, sin embargo no está todavía acabado (...) Este Reino aún es objeto de los ataques de los poderes del mal, a pesar de que estos poderes hayan sido vencidos en su raíz por la Pascua de Cristo (...) Antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar por una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes (...) La Iglesia sólo entrará en la gloria del Reino a través de esta última Pascua en la que seguirá a su Señor en su muerte y Resurreción".

    No es sólo que quienes esperan la Era de Acuario auguren el ocaso del cristianismo al borrarse de la psique colectiva los arquetipos que la acompañaron durante dos mil años; la misma Iglesia Católica anuncia su fin, como el Walhall en el ocaso de los dioses. Ese ocaso sin embargo es necesario para que se produzca el misterio pascual. Los últimos dos milenios estuvieron regidos por Piscis -Cristo- y Virgo -la Virgen María-. Los próximos dos mil cien años estarán gobernados por Acuario -portador del agua- y por su contrapartida en la sucesión del zodiaco, Leo, símbolo de la realeza. Bajo su influencia se iniciaría un nuevo año zodiacal de 25.900 años o la pascua eterna.

    El drama del mundo resumido en el ciclo de anillo encuentra su desenlace en una edad apocalíptica que por el agua y por el fuego borra los últimos vestigios del orden antiguo. Esa conmoción se produce no sólo en la psique de los individuos y en sus actos, sino que el mismo orden natural gime y se sale de sus cauces como las aguas del Rihn en el último acto de El Ocaso de los Dioses. Todo eso es necesario para despejar la escena. En un acto correspondiente, se produce el fin de la Iglesia -sgún dice el catecismo- para que pueda seguir a su Señor en su muerte. En la Era de Piscis, el Reino, aunque presente en su Iglesia, no está todavía acabado y aún está a merced de los ataques del mal, aun cuando hubieran sido vencidos. El misterio pascual está fuera del tiempo, igual que el drama que se dearrolla en Parsifal, donde a diferencia de El Anillo del Nibelungo no se establece una sucesión de años. Cristo instituye la Eucaristía en la Última Cena, aun cuando todavía no se ha producido su muerte y el mismo acto se repite en la celebración de la Misa que le sigue.

  • Misterio Pascual: En Parsifal, como muestra del poder que el mal tiene aún después de vencido, el héroe debe errar largos años hasta encontrar de nuevo el camino de Montsalvat y los caballeros deben esperar hasta su llegada para que se cure la herida de su jefe. Con todo aquél es el último bastión del Reino, donde se ha refugiado el Grial. Es un reducto de fieles, después que la prueba final vaticianada en el catecismo ha dispersado a la mayoría de ellos y aún cuando aquéllos no estén libres de su maléfico efecto.

    Kundry, la mujer salvaje, amazona como Brunhilde, se debate como ella misma entre la piedad y el amor carnal, entre la influencia benéfica de la luna y el influjo letal de venus. Brunhilde se apiada del héroe caído en combate y al mismo tiempo se siente despechada por la pérdida de la memoria de su esposo y es causa de su muerte. Kundry seduce al jefe de los caballeros de Montsalvat causándole una herida que luego procura aliviar con un bálsamo que ha traído de Oriente.

    La escena está preparada para que haga su entrada el nuevo arquetipo, Parsifal, identificado como Acuario, el portador del agua. Este elemento ha tenido un gran significado en el cristianismo, además de ser, bendecida, un sacramental empleado en los actos litúrgicos, donde aún es capaz de neutralizar la influencia del demonio, cura el efecto del pecado y abre la puerta del cielo. El agua es además el elemento taumatúrgico por excelencia, como es el caso del agua milagrosa que brota en la gruta de Lourdes. El portador del agua aparece encarnado en la figura del Precursor en el río Jordán, igual que en el hombre portador de un cántaro de agua que conduce a los discípulos de Cristo hasta el cenáculo donde van a celebrar la Pascua, o el mismo Jesús llevando una jofaina de agua para lavar los pies de los apóstoles en la misma ocasión.

    Kundry lavará los pies de Parsifal en el último acto y sus palabras, después que ha sido redimida, tienen un significado semejante: "¡Servir!¡Servir!". La música de Viernes Santo que suena cuando Parsifal levanta el Grial a la vista de los caballeros es un símbolo asimismo del misterio pascual, misterio que si ya está presente en la Era de Piscis y ya fue anunciado en El Anillo del Nibelungo por la palabra de Brunhilde, antes el mundo todavía atacado por el mal debe morir, para que se realice plenamente en el nuevo año que se inaugura con Acuario, del cual Parsifal es el nuevo arquetipo.

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